Doctor Sueño; la audaz apuesta de Flanagan que salió bien

Doctor Sueño

Traer de regreso al Resplandor a la pantalla grande, más de veínte años después, era una aventura osada… ¡Temeraria! dirían algunos. Pese al hecho, Flanagan resultó ser lo suficientemente diestro en su oficio, como sapiente del género y de la obra de King. Lo suficiente como para estrenar un producto eficaz y funcional. Y lo justamente hondo en su pozo trágico, como para dar por cumplida la misión.

Flanagan ya tenía cancha en el territorio el terror. Oculus (2013) y Silencio (2016), eran unos de sus títulos más sonados hasta la fecha y, con El juego de Gerald, tocó la fibra King, también siendo un éxito digno de atención, abordando temáticas más maduras que en sus trabajos anteriores, algo que definiría su modo más adulto posterior.

Con la mini serie La maldición de Hill House (2018), el director abre un terreno más fértil para dar rienda suelta a su talento tras las cámaras, algo que definiría su mano más íntima y reflexiba en sus mini series posteriores, nicho en donde Flanagan se acentó y encontró un entorno más cómodo para sus monólogos refinados e intrigas dramáticas vivas.

Doctor sueño (2019) representó un reto casi suicida. Adaptar la novela de King y al mismo tiempo ser fiel al legado que nos dejase Kubrick parecía una tarea irreconciliable. Pero Flanagan sale airoso, manejando (con sapiencia y coherencia fina), los elementos que optó por conservar del clásico de 1980 con el corazón la obra de King. Como ya sabemos, en el secuestro que Kubrick hizo con la novela del «rey del terror», la cinta del célebre director modificó muchos aspectos del best seller del escritor, por lo que seguir siendo cohesivo no era tarea fácil.

Pese a que Flanagan libra con inteligencia y talento tras las cámaras la colisión de ambos legados, Doctor sueño no está libre de algunas grietas que merman la solides de su hielo.

Directo y sin rodeos. La presentación de Dany adulto se me pierde de tono y pierde «verdad». Flanagan nos presenta a un Dany lúdico, juergero, mujeriego… con un tono ligero, liviano y hasta rallando en lo cómico. Si bien podría haber buscado el contraste, mi impresión es que el personaje exigía una mirada más honesta, una conexión más limpia, con una presentación trágica, dramática y desoladora. Sin buscar contrastes, solo «verdad». En una película donde no se cortan ni un pelo para mostrar como torturan a un niño (la escena del niño del baseball), creo que una presentación más seria del personaje le habría dado aún más pozo dramático al relato.

 

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