De Naturaleza Violenta (2024), la nueva apuesta inmersiva del slasher

El slasher es un subgénero del terror que echó raíces a finales de los 70, y a lo largo de las décadas se ha sobrexplotado, se ha reinventado, ha muerto en algunos periodos y ha resucitado en otros, pero nunca ha dejado de producirse.

En De naturaleza violenta, Chris Nash, su joven director novel incursiona en el prolífico subgénero desde una mirada novedosa, y debo decir que me ha sorprendido gustosamente.

Nash nos relata (en poco más de 90 minutos) la masacre que dejará a su paso el cadáver en descomposición de Johnny, quién vuelve a la vida luego de que alguien de un grupo de jóvenes tomara un relicario de su tumba en medio del bosque. Hasta aquí nada nuevo; un grupo de adolescentes en una cabaña en el bosque asesinados uno a uno por un «espíritu vengativo» es una premisa arquetípica del subgénero. Lo interesante está en «cómo» contar este cuento.

El director canadiense apostó en su debút por ofrecer un slasher atmosférico, muy lejos del slasher hollywoodense clásico. La película se observa desde la perspectiva de Johnny mientras camina por el bosque, brindando una experiencia contemplativa, inmersiva, vívida y si se quiere «realista», en cuanto a tiempos, espacios y movimientos.

Si bien este punto de vista del asesino tan prolongado resulta una innovación interesante dentro del canon convencional del género, podemos encontrar algunos antecedentes. Halloween ya nos entregaba unos minutos iniciales que atrapaban esa esencia. La cinta de Carpenter sitúa al espectador inmediatamente tras la máscara del niño Myers y (de cierta manera) nos hace sentir cómplices de ese terror sangriento.

Más cercana al estilo propuesto por Nash mencionaría Maniac, en donde en varias de sus secuencias utiliza la cámara subjetiva para mostrar los asesinatos directamente desde los ojos del criminal, conocemos su habitación, su intimidad y motivaciones. Una interesante cinta de William Lustig estrenada de 1980.

De naturaleza violenta se siente casi como un curioso cruce entre el slasher tradicional y una especie de «documental de naturaleza». La cámara acompaña a Johnny mientras atraviesa el bosque con la calma imperturbable de un depredador en su hábitat, registrando sus desplazamientos con una quietud hipnótica. No hay urgencia narrativa ni montaje frenético; lo que predomina es la observación paciente de un ciclo de caza que parece obedecer a una lógica natural. En ese sentido, Nash despoja al slasher de buena parte de su artificio habitual y lo reduce a algo más primario: un depredador, un territorio y una serie de presas que inevitablemente se cruzarán en su camino.

El resultado es una propuesta extraña, minimalista y, por momentos, fascinante, que demuestra que incluso un subgénero tan explotado como el slasher todavía puede ofrecer miradas nuevas cuando alguien se atreve a alterar su punto de vista.

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