La posesión de la momia (2026), miedo bajo las vendas

Buenas noticias para el terror de este año 2026…

La posesión de la momia, del director irlandés Lee Cronin, ofrece una propuesta alejada del espíritu que nos dieron los monstruos clásicos de la Universal y del tono aventurero pulp de las películas de Brendan Fraser. En su lugar, Lee Cronin apuesta por un terror más visceral, más corporal, mucho más directo e inquietante, tomando una sabia distancia de sus predecedoras. Más cercano a un Cronenberg que el estilo gótico de los años 30 o a la vibra tripidante de la película de los 90.

La película nos cuenta la tragedia de la desaparición de una niña, que luego de ochos años es encontrada en extrañas circunstancias. Al regresar con la familia, en un estado físico y mental deplorable, vamos descubriendo que lo que ocurrió con ella no es algo de nuestro mundo.

Como adelantaba, el primer punto a favor que fortalece la propuesta, es trabajar en un nuevo imaginario de los mitos momificos, Lee Cronin se aleja de los íconos románticos de la Universal y la Hammer, y opta por el camino del horror físico, enfermizo y parasitario (si se quiere). Aquí el mal es algo corrupto, infeccioso y decadente. Una premisa irónicamente revitalizante que afortunadamente fue trabajada con maestría, sin caer en abusos..

En segundo lugar premio su ritmo ágil. La película goza de un relato atrapante y un montaje hábilmente ejecutado, que se traduce en un producto entretenido y revisionable, aun cuando supera peligrosamente las dos horas de metraje. En ningún momento se siente densa, tediosa o aburrida. Y eso es oro.

Otro punto destacable es el reparto. Si bien no se requiere de interpretaciones brillantes, están muy bien defendidas para las exigencias del guion, sobre todo en los momentos dramáticos, que no son pocos. La gran sorpresa la da la joven actriz Natalie Grace, quien encarna a la niña poseída. Una difícil tarea, de la cual sale triunfante.

Si tuviera que definir la actitud de Lee Cronin en este film, sería: «mesura» en donde debe. La historia va a tope, es fuego ardiente, pero prudente en sus formas. Se mide en el body horror para no caer en lo grotesco morboso y no abusa del susto facilón típico de los productos mediocres. Si bien, sí vemos a lo largo de la cinta jumpscars o screamers (como quieran llamarles), el director trabaja eficientemente este recurso, para no convertir su película en una seguidilla de sobresaltos sin poder narrativo. Un cuarto punto favorable.

Pero no todo es hedor a azufre (en el buen sentido).

 

 

OTROS ESTÁN LEYENDO…

Lo que ella empezó a dejar

I Donde la luz se posa sin ser llamada La vi una tarde (sin quererlo), de esas cálidas en que el cielo se queda bajo y el aire huele a leña húmeda. Era joven. Cruzó el camino de tierra como lo hacían todos al salir del colegio: con prisa leve, mirando al frente, ajena...

leer más

La serpiente en la frente del mundo

Al momento en que el niño nació, la noche reinaba sobre el desierto sin nombre. Y solo el susurro de los grillos parecía hacerse paso por el amplio hueco de la caverna. Se había consumado. Lo lavaron. Lo envolvieron… y lo dejaron junto al fuego. Afuera, un hombre...

leer más

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *