
★★★½☆
Buenas noticias para el terror de este año 2026…
La posesión de la momia, del director irlandés Lee Cronin, ofrece una propuesta alejada del espíritu que nos dieron los monstruos clásicos de la Universal y del tono aventurero pulp de las películas de Brendan Fraser. En su lugar, apuesta por un terror más visceral, más corporal, mucho más directo e inquietante, tomando una sabia distancia de sus predecesoras. Más cercano a un Cronenberg que al estilo gótico de los años 30 o a la vibra trepidante de la película de los 90.
La película nos cuenta la tragedia de la desaparición de una niña, que luego de ocho años es encontrada en extrañas circunstancias. Al regresar con la familia, en un estado físico y mental deplorable, vamos descubriendo que lo que ocurrió con ella no es algo de «nuestro mundo».

Como adelantaba, el primer punto a favor que fortalece la propuesta es trabajar en un nuevo imaginario de los mitos momíficos, Lee Cronin se aleja de los íconos románticos de la Universal y la Hammer, y opta por el camino de un horror físico, enfermizo y parasitario (si se quiere). Aquí el mal es algo corrupto, infeccioso y decadente. Una premisa irónicamente revitalizante que afortunadamente fue trabajada con maestría, sin caer en excesos.
En segundo lugar premio su ritmo ágil. La película goza de un relato atrapante y un montaje hábilmente ejecutado, que se traduce en un producto entretenido y revisionable, aun cuando supera peligrosamente las dos horas de metraje. En ningún momento se siente densa, tediosa o aburrida. Y eso es oro.
Otro punto destacable es el reparto. Si bien la película no exige interpretaciones brillantes, están muy bien defendidas para las exigencias del guion, sobre todo en los momentos dramáticos, que no son pocos. La gran sorpresa la da la joven actriz Natalie Grace, quien encarna a la niña poseída. Una difícil tarea, de la cual sale triunfante.
Si tuviera que definir la actitud de Lee Cronin en este film, sería: «mesura donde debe». La historia va a tope, es fuego ardiente, pero prudente en sus formas. Se mide en el body horror para no caer en lo grotesco morboso y no abusa del susto facilón típico de los productos mediocres. Si bien, sí vemos a lo largo de la cinta jumpscars o screamers (como quieran llamarles), el director trabaja eficientemente este recurso para no convertir su película en una seguidilla de sobresaltos sin poder narrativo. Un cuarto punto favorable.
Pero la película no se libra de flaquezas, que hacen que a las vendas se le vean las costuras. Lee Cronin decide referenciar gratuitamente al clásico de Raimi The Evil Dead, película de la cual ya el mismo había hecho un remake/reboot en 2023, Evil Dead: El despertar, incluyendo escenas similares y planos con los mismos conceptos visuales. Que no sólo hace que el producto se sienta reiterativo, sino que ¡no viene a cuento!, es un desacierto sin sentido y absurdo. Si una película te recuerda a otra (sin una justificación narrativa), no es buena señal. Del mismo modo que algunos conceptos visuales del final recuerden a Devuélvemela (2025), aún más cercana en el tiempo, y mucho mejor que esta cinta.
La película no redefine conceptos ni busca inventar la rueda. Como película de entretenimiento, con un terror efectivo y bien trabajado, se alza como una de las propuestas más interesantes del género en este año, sin aspirar a mucho más que ofrecer una nueva aproximación al mito clásico, y creo que cumple sólidamente su empresa.



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