¿Es el fin del cine de superhéroes?

¿Es el fin del cine de superhéroes? Mucho se ha hablado del ocaso del género en cine y televisión, producto de la tibia recepción por parte del público a películas como Ant-Man y la Avispa: Quantumanía y Shazam! Fury of the Gods. Cada una representando a las dos casas comiqueras con más calado dentro de la industria: DC y Marvel. Intentaremos responder la pregunta: ¿Es el fin del género superheroico? No necesariamente. Primero los hechos. Es un hecho que las cifras en taquilla por parte de Warner y Disney no fueron las esperadas, y es cierto también que se ha notado una erosión en la formula, que no solo ha afectado a la temática superheroica (anque a sido la primera en recibir las balas), sino a todo el modelo comercial para generar blockbusters y a todo el patrón standar de secuelitis, precuelitis y spin-off, etc, que definían el cine exitoso. Hasta ahora.

¿Motivos? Muchos.

Consecuencia etaria y serialización

El boom! creciente del género de supehéroes no comenzó con el UCM como muchos suponen recordar. Principió mucho antes con directores como Bryan Singer y Sam Raimi. DC ya había hecho lo propio con Superman y Batman en los 80 y parte de los 90. Ahora era el turno de Marvel y lo hizo pisando fuerte, suscitando una popularización progresiva del género sin precedentes.

El Superman que iniciara en 1978 Richard Donner con Christopher Reeve y el Batman de Tim Burton con Michael Keaton en 1989, pusieron sobre la mesa un nuevo juego, con nuevos códigos y temáticas, pero no propiciaron una afición masiva por este tipo de productos venidos de los cómics.

La última GRAN película del género se estrenó en 1992 y fue Batman Returns, claro, hasta el estreno de X-Men en el 2000, que dicho sea de paso, contó con Richard Donner y su mujer, Lauren Shuler Donner, en la producción.

el fin del cine de superhéroes

El género de superhéroes se paró en sus dos extremidades con el estreno de Spider-man en 2002, estableciendo un curso de acción que terminó por consumarse en el proyecto del UCM. Una receta esencial para fabricar blockbusters que ha conquistado la taquilla por más de dos décadas.

Por la vereda del frente DC también quiso incorporarse al baile, apostó por otorgarle al género un tono distinto a la maqueta Marvel, y dejó caer un tanque como Batman Begins, iniciando una de las trilogías más importantes ya no sólo del género, sino del cine en su totalidad. Buscando un derrotero más urbano, más «realista», recuperando las claves del cine negro de antaño, con escenas de acción estilizadas y muy bien rodadas, y con un contenído y unas temáticas más maduras que las que ofrecía la Casa de las Ideas. El resultado fue un bombaso en crítica y taquilla. Pero ni DC ni Warner tiraron por ese camino y todo acabó ahí.

Marvel se aventuró con un mega proyecto de serialización de películas, al que luego se le sumaron series, que encontraría su punto cumbre en Infinity War / End Game. Y continúa. Un hito en la historia del cine a toda regla. Marvel nos ofreció por primera vez un universo cinematográfico totalmente coecionado, efectivo, funcional, atractivo y que llenaba las salas. Pero al mismo tiempo era un arma de doble filo. Y no desconozco el intento de la Universal por crear un universo cinematográfico con sus Monstruos Clásicos, pero hay que reconocer que fue un intento fallido.

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A día de hoy ya han pasado 23 años desde que la formula Marvel en el entretenimiento entró en vigencia. Quienes entraron a este mundo de los superhéroes, que por ejemplo, por aquel entonces tenían 20 o 25 años, hoy ya tienen 40, 45 años. Muchos por el camino han abandonado el barco, y censeguir nuevos aficionados se volvió cada vez más dificil cuando para entrar en el juego había que verse 10, 15 o 20 películas previas. A todo esto ya con 35 o 40 años muchos ya tienen otro tipo de responsabilidades, intereses, gustos, y quizás ya no es una prioridad ir una o dos veces al cine al mes.

Resulta lógico pensar que gran parte de quienes abordaron la nave a principio de los 2000, hoy en 2023 ya no tengan el mismo interés por este tipo de propuestas. Incluso nos tendríamos que plantear que esto ya va dirigido para otra generación de espectadores. La serialización y la dependencia de una infinidad de productos asociados, como un montón de series que condicionan la historia de otras series y películas mermó la permanencia y la posibilidad de encontrar nuevos seguidores.

Tal vez todo esto debió terminar con End Game, tal como lo vaticinó el mismo título.

El desgaste natural del género

Qué el género de superhéroes ya no esté responiendo como a las grandes productoras de cine les gustaría, es un claro síntoma de un tipo de producto que está llegando a su declive. ¿Es esto alarmante? ¿se podría vaticinar el fin del género? Ni lo uno ni lo otro.

El ocaso del cine de superhéroes no es ni será nada más que una anécdota en las crónicas de la cinematografía. Y que esto a pasado desde siempre, con TODOS los géneros, y ahí están, todos aún hoy vivitos y coleando.

Durante la década de los 50 la «moda» en las películas de ciencia-ficción eran en su mayoría películas de platillos voladores y de bajo presupuesto. En la década de los 40 y 50 reinaba también el cine negro, con películas como El halcón maltés, Sunset boulevard, Double indemnity o Retorno al pasado. Por las mismas fechas se revitalizó el western, a manos de John Ford y John Wayne, que abrieron el camino para otros directores y actores que definieron gran parte del cine de aquellas décadas. ¿ Y qué pasó? Pasó que luego de dos décadas el cine negro se agotó, las películas de invasiones alienígenas ya resultaban repetitivas para la década de los 60, y el western clásico estadounidese se notaba poco verosimil y dejó de resultar interesante para los ojos de las nuevas generaciones. Pero ninguno de estos géneros dejó de producirse.

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La ciencia-ficción en los 60 empezó una interesante fase de experimentación que en 1968 nos dió dos obras maestras que son 2001: Odisea del espacio y El planeta de los simios. El cine negro reapareció con otras formas en los 60 y 70 con Bullitt, El golpe, Chinatown o las pelis de Harry el sucio, y siguió muy presente en películas como Fuego en el cuerpo, Blade Runner, en el cine de Fincher, en el Batman de Matt Reeves o en series como Jessica Jones. El western clásico mutó en el western crepuscular, donde directores como Sam Peckinpah le dieron otro aire, y siguió evolucionando hasta el western mediterraneo de la mano de cineastas como Sergio Leone o Sergio Corbucci, y seguimos viendo western en La guerra de las galaxias, en películas tan interesantes como Sin nada que perder, El poder del perro, Bone Tomahawk y en series como Westword, Deadwood, Yellowstone, incluyendo The mandalorian y El libro de Boba Fett. Entonces los géneros están ahí, pero con otras formas.

Nada más es cosa de ver como a evolucionado el género de terror. El mismo slasher, que reinó durante todos los 80 desde La noche de Halloween (1978), declinó a mediados de los 90 luego de Scream. Y si bien no ha vuelto a reinar aún podemos ver el género presente y hasta tuvimos recientemente una trilogía secuela a cargo de David Gordon Green.

El cine de héroes-de-acción, que también colmaba la taquilla en los 80 perdió fuerza a mediados de los 90, pero aún tenemos James Bone, Misión imposible, Top Gun Maverick, Mad Max Fury Road o la más reciente saga de John Wick.

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Entonces, ante la pregunta ¿Es fin del género de superhérores? La repuesta es no, pero ¿seguirá reinando? Dificil. La única salida para seguir tan vivo como lo fue hasta hace unos pocos años es innovar el modelo. Y no hay que ir muy lejos para ver como han funcionado productos como The Batman, La Liga de la Justicia de Zack Snyder, Joker Logan. Todas propuestas en un tono mucho más maduro, con más contenido y productos que no se ciñen precisamente a agenditas sermoneras de lo políticamente correcto, como puede ser también The Suicide Squad, la serie Peacemaker o The Boys. Y eso me lleva al tercer punto.

El blanqueamiento, la inclusión y la cultura de la cancelación

El tercer motivo viene de la mano de los mismos directivos de los grandes estudios, sobre todo Disney, que este último tiempo se ha mostrado exageradamente agendista en sus productos.

Hace ya algunos años que Disney se las ha dado de mensajero de la moral y juez de lo políticamente correcto. Ofreciendo productos que siguen la agenda de la inclusión (en todas su formas), muy deficientes. El problema no está ni en la inclusión ni en la corrección política, sino en cómo se hace. Simplemente lo hacen mal y terminamos con productos mucho más que mediocres. Eso porque no ponen el foco en las historias, sino en cómo vamos a meter ésta o cuál inclusión en éste o cuál capítulo. Miren el caso de la serie de Willow, una serie que muchos ni si quiera pudieron terminar, una serie cargada de representación LGTBQ+ INSUFRIBLE. Mientras que, desde otro lado, tenemos una serie como Merlina, donde la prota es una mujer (Jenna Ortega), donde se trata el tema de la exclusión muy bien contextualizada, en un tono de sátira y humor negro inteligentemente trabajado. ¿Y cómo fue el resultado? un éxito.

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Y Merlina no es el único caso, Doom Patrol y The Umbrella Academy, son otros ejemplos de series que han innovado en su territorio y jugado muy bien sus cartas en temas de inclusión. Porque ambas están muy bien defendidas argumentalmente, porque ofrecen personajes atrayentes, carismáticos, con más capas y no se centran específicamente en lo chachi piruli que es tener una orientación sexual distinta al común. Y aún siendo series que manejan muy bien la comedia, los temas de este tipo se sienten reales, y tratados seriamente o de forma natural. Otro ejemplo en The last of us, que también aborda el tema sin tener que sermonear al espectador.

Lo cierto que los espectadores resultaron más inteligentes que muchos de los productores que pensaron que la harían de oro entregándose a los nuevos movimientos sociales que meten mucho ruido, pero que al parecer el grueso de la población no apoya con tanto entusiasmo, y me refiero más especificamente a ciertas facciones feminístas que han salido al juego en modo hardcore. La gran mayoría, por no decir todos los intentos por imponer estos nuevos valores morales mediante el cine no han dado resultado, y dentro de esta movida la más afectada ha sido la empresa del ratoncito.

La gente nunca compró toda esta movida, no es que haya perdido fuerza, es que nunca estuvimos dentro. Y eso es porque a nadie le gusta que lo sermoneen y mucho menos pagar por ello. Simplemente es algo que a muchos les rompen las pelotas y así terminaron bajandose de la nave. Y es que parece que estos directivos han olvidado parte de la esencia del cine. El cine (así como todo arte), no es una actividad ética, sino que es una actividad estética. ¡Qué se pueden tratar temas morales! por supuesto, pero no es una obligación del cine, ni de la literatura, ni de la danza. El cine está ahí para contarnos historias atrapantes, interesantes y entretenidas, para hacernos reir o tocarnos el corazón, no para pretender adoctrinar a una nueva camada de espectadores en cierto tipo de valores que para colmo la gran mayoría de la gente no está comprando, al menos no del todo.

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La cultura de la cancelación (tal cuál como si estuviésemos en el medioevo), ha transformado todo esto en una feroz cacería de brujas que tal vez en un comienzo el morbo hizo que muchos entraran al ruedo, pero que ya pasado cierto tiempo, la censura y la «cancelación retroactiva» no han sentado bien en el público, que ve esto más cercano a conductas totalitarias que a otra cosa.

Todo esto también a afectado el mundo de los superhéroes, cada vez más moñas, cada vez más familiar, de corte buen rollista y repleta de comedia escatológica que haría sonrojar hasta al más pequeño de la casa. Es por eso que distribuidoras como A24 han tenído tanto éxito, porque arriesgan, porque no siguen agendas políticas, porque no están preocupados de enrrostrarte en la cara tus «pecados», y no viven en una fantásia edulcorada del mundo.

 

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