El día de la revelación: Spielberg regresa a la ciencia ficción.

★★★½☆

No hace falta presentar a un maestro de la talla de Steven Spielberg. Decir que presenciar una nueva película de su impronta es un evento, no es exagerado, sino mas bien una prueba del nivel de iconicidad que su filmografía posee. Y es con esas sensaciones, que me enfrenté a Disclosure Day, su propuesta más reciente dentro de un género que marcó parte de sus inicios. Aquí, seguimos la historia de un experto en ciberseguridad -interpretado por Josh O’Connor- que roba archivos confidenciales que prueban la presencia alienígena en nuestro planeta.

Ya de entrada, hay que destacar el apartado técnico de este filme. Spielberg vuelve a demostrar un tacto impecable en su dirección, utilizando todo tipo de trucos y movimientos de cámara para lograr secuencias difícilmente olvidables. Lo acompaña su director de fotografía de casi toda su carrera, Janusz Kamiński, quien sigue comprendiendo al realizador con un talento voraz. El uso de la luz, la sombra y los reflejos es digno de aplausos. Y que decir de la música: otra respetable y emocional labor del maestro John Williams -quien, además, tiene 94 increíbles años de edad-. No es el score que más se recordará de él -algo imposible considerando lo vasto de su trabajo-, pero el sólo hecho de poder escuchar la que muy probablemente sea su última banda sonora, es un obsequio.

Sumado a lo anterior, el elenco es muy funcional. Esto no resulta sorprendente considerando todo el talento presentado en pantalla, pero bien vale aclarar que sin dicho talento, una buena fracción de la experiencia sencillamente no funcionaría. Emily Blunt, como Margaret, es el pilar fundamental del relato. Su arco es interesante, su personaje le demanda bastante y algunos momentos dramáticos bien podrían ser de lo mejor de toda su carrera. Le siguen Eve Hewson y Colin Firth, quienes, si bien no poseen personajes muy densos, igualmente presentan algunas escenas con tintes de thriller sicológico muy bien logradas.

Arribando al guion, mi aprecio recae en los mensajes que predica con efervescencia. A través de la búsqueda por la verdad depositada en el personaje de Daniel, Spielberg y el guionista David Koepp nos hablan de la empatía, el derecho de todo ser humano ante una realidad universal e incluso el intento por «opacar» al miedo por lo desconocido. Se plantea que la propia revelación de información sería de tal magnitud que incluso las discordias mundiales se detendrían o, en su defecto, se pausarían a favor del entendimiento masivo. Esto, evidentemente, no es aleatorio. Vivimos en un planeta en constante conflicto, con una falta de humanidad preocupante que, precisamente, parece demandar propuestas como esta.

Además, agrego que todo lo que le ocurre a Margaret, a nivel argumental, al menos en un primer visionado, es muy atrapante. Cada una de sus escenas están repletas de interrogantes, diálogos de un buen nivel dramático e incluso comedia. Es, por lejos, de las ideas que, si bien no son disruptivas, mejor construyen el misterio del relato. Y es ahí donde quería llegar: la intriga dentro del guion está muy bien entretejida. El énfasis recae más en el «cómo» y no tanto en el «qué». Por lo mismo, no es de extrañar que muchos comentarios expresen desilusión; estamos ante una obra que se enfoca en la persecución exhaustiva para evitar que cierta información se revele, y no tanto en la información per-se.

Y aquí, tenemos que entrar a lo cuestionable: el desarrollo de la historia y su conclusión. Dejando de lado a Margaret, todos los demás personajes dejan que desear en sus desarrollos. Daniel tiene algo con qué trabajar, pero muchos otros se sostienen únicamente del carisma del actor de turno que los interpreta -siendo Colman Domingo como Hugo, el ejemplo por excelencia. Son, en definitiva, arquetipos enormes que no sobresalen dentro de la historia. Es por esto que algunos actores, incluso, se sienten desaprovechados. Sus presencias siempre funcionan, pero sabemos que ellos pueden dar mucho más. Y ni hablar de las conveniencias: sin ellas, gran parte de la historia derechamente no existiría.

Y es con este punto, que enlazo mis cuestionamientos sobre el final. Porque si bien los últimos minutos son poderosos y memorables, también siento que recae en ideas demasiado compasivas, que precisamente se ejemplifican en conveniencias que ya se venían presenciando dentro del metraje -como ciertos poderes que adquiere uno de los protagonistas-. No quiero decir con esto que las intenciones pierden mérito, pero al mismo tiempo, se me hizo imposible no sentir la manipulación del guionista para que su mensaje pudiera relucir. Sin contar con que, en parte por la propia revelación, el resultado termina siendo de lo menos sorpresivo de toda la experiencia. Desde el diseño elegido para los alienígenas hasta la propia reacción del mundo ante la información, todo se siente caducado o perteneciente a la realización audiovisual y narrativa de otra década.

Vale agregar, de igual forma, que la duración de la película también puede cuestionarse. Durando casi dos horas y media, parte del segundo acto se hace levemente pesado. Nunca llega a ser aburrido o latoso en el peor de los casos, pero siempre hay una sensación de que lo que estamos viendo podría haber sido más acotado. Algunas sub-tramas son mucho menos interesantes que otras, hay una carencia de acción que se lamenta y la propia expectativa por la revelación pasa factura ad portas del tramo final.

¿Y los animales CGI? No ayudan en nada. No son insultantes, claro está, pero definitivamente se notan «poco cocinados» para la pantalla grande.

A pesar de lo mencionado, Disclosure Day me ha parecido una experiencia digna de ver en salas de cine. Solo por el talento de Spielberg y Williams, la recomendación es inmediata, pero el visionado es mucho más que eso; intriga, esporádicamente sorprende y nos azota con preguntas y mensajes que no dejan indiferente. Deja que desear en su desarrollo dramático, y definitivamente cuestiono el lado más compasivo e idealizado que posee, pero aún con eso, mi percepción es positiva. Se siente como un tipo de cine clásico y formal que pocas veces llega a salas de cine, y eso, si me lo preguntan, es un regalo que debemos apreciar.

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