La Odisea: Apabullante y abrumadora.

★★★★☆

Entre controversias, intentos de boicot y una expectativa marca registrada de su cine, The Odyssey, de Christopher Nolan, ha llegado a salas de cine. Una adaptación de multimillonario presupuesto, para nada simple de llevar a la vida -hablamos de uno de los poemas épicos más importantes de la literatura occidental- y con una duración final que le hace competencia al anterior trabajo realizado por el cineasta mencionado.

Para empezar, me gustaría enfatizar de que estamos ante una producción inmensa. Nolan nunca ha decepcionado en la escala de sus obras, y The Odyssey no es la excepción: cada plano se ve gigantesco en pantalla grande -recomiendo buscar una sala con la pantalla más grande posible-, cada sonido remueve cada fibra de tu cuerpo y la producción se rasga las vestiduras con efectos prácticos y una filmación en locación genuinamente increíbles. Da verdadero gusto ver un filme de esta índole, en salas de cine, con un resultado así de «tangible».

Y conecto a lo anterior, entrego una respuesta que muchos buscábamos hace meses atrás: efectivamente, Nolan no «escapa» de los elementos fantásticos, pero sí los adapta de formas muy creativas, aterrizadas y entendibles dentro del relato (detalle que, probablemente, frustre a más de uno). Hay criaturas mitológicas enseñadas completamente en pantalla, como es el caso de la inquietante secuencia del cíclope Polifemo o de la muy alabada escena de horror corporal protagonizada por la bruja Circe, y hay otras que, derechamente, se insinúan o se enseñan a lo lejos. Todo, con una clara intención dramática, reflexiva o temática.

A lo anterior, se le suma una banda sonora envolvente y emocionante a cargo de Ludwig Göransson, quien viene de ganar su tercer Oscar por el filme Pecadores. Aquí, su score va de menos a más: durante los dos primeros actos, tiene esbozos memorables y eléctricos, pero es en el tercer acto, dónde realmente despega con intensidad. No exagero al decir que, junto a algunas postales, su música me provocó algunos de los escalofríos más brutales que he sentido en todo el año.

Y precisamente, el tercer acto ya mencionado, me pareció lo mejor de toda la experiencia. Una re-contextualización emocional y reflexiva de muchos elementos que el propio relato nos fue presentando en diversas instancias. El suspenso es genial, la acción cumple, los «pay-offs» son excelentes y la resolución es la definición por excelencia de «crowd-pleaser». En definitiva, unos últimos 30 minutos que reconectan con la intensidad de otras fracciones, entregando, en el proceso, decisiones de guion estupendas.

Entrando en territorio actoral, todos me parecieron muy eficientes. Ningún actor o actriz me convenció al punto de gritar por premios, pero todos presentan un nivel de carisma y/o presencia que evidentemente funciona en pantalla. Damon comanda bien, Hathaway es sólida, Holland tiene momentos de alta confianza, Pattinson disfruta cada segundo que está en pantalla, y así podría continuar. Todos efectivos, nadie que genuinamente me haya volado la cabeza (se menciona mucho a Leguizamo y Morton, pero repito, para mí están tan bien como otros compañeros de elenco).

Punto aparte para entrar a la controversia mayor: el casting. Debo reconocer que, en parte por mi ignorancia y en parte por mi desapego a la «precisión histórica», nada de lo que se ha criticado me terminó afectando. Lupita Nyong’o como Helena de Troya aparece sólo un par de minutos (y ella me parece bellísima, además), Elliot Page interpreta a un personaje nuevo que tiene un peso emocional mucho más interesante del esperado y Travis Scott aparece menos de dos minutos con breves interacciones que, bajo mi criterio, funcionan. En síntesis, el resultado es bueno, a mí no me distrae y, por el contrario, trae a colación algunas decisiones argumentales interesantes.

Ahora bien, en relación a lo que menos me funcionó, diría que este filme hereda algunos problemas de Oppenheimer, el anterior trabajo de Christopher Nolan. El montaje, principalmente en el primer acto, es bastante apresurado, impidiendo que algunos momentos «respiren» de buena forma, y los diálogos, marca registrada del director, se sienten muy sobre explicativos, a ratos poco naturales y con un exceso de narraciones evidente. Todo esto, sumado a lo episódico del segundo acto, provocó que mi experiencia fuese mucho más agotadora de lo que esperaba.

A esto, se le agrega la poca profundidad depositada en una buena porción de los personajes. Odiseo me pareció sumamente bien tratado, al igual que su familia de forma esporádica, pero varios otros personajes que lo rodean, la verdad no mucho. Y aunque comprendo que provienen de un escrito de hace miles de años, se me hizo imposible no desear un poco más de ellos. En algunos casos, sabemos sus nombres, alguna motivación y absolutamente nada más. Es por esto que varios actores, como Charlize Theron, Mia Goth o incluso Jon Bernthal, se sienten bastante desaprovechados. Uno puede apreciar sus participaciones, por muy distractoras que algunas puedan ser, pero de ahí a sentir que están sobresaliendo, pues para nada.

En síntesis, The Odyssey es una experiencia apabullante y abrumadora. Una de esas pocas oportunidades al año en el que podemos decir: esto fue hecho para verse en pantalla grande. Es larga, es apresurada y brutalmente ambiciosa, pero también es increíble, deslumbrante y sorprendentemente emocional en determinadas reflexiones y conclusiones. No es una obra perfecta, ni tampoco creo que sea de lo mejor de Nolan, pero por su escala y por su trascendencia, merece ser recomendada efervescentemente. ¡No se la pierdan!

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